El sueño
No puedo explicar lo que ocurría. Tenía los ojos abiertos pero no veía nada, la oscuridad era total en medio de un silencio aterrador. No me atreví a moverme por miedo a caer en el vacío. ¿Sería un túnel?, ¿un precipicio?, o ¿quedaría flotando eternamente?
Era un sendero angosto, largo, parecía no tener fin pues se perdía allá a lo lejos en un punto pequeño.
Desde allí partían dos líneas, una a la derecha, la otra a la izquierda; el horizonte, desdibujado por árboles. El amanecer proyectaba sus sombras gracias a una alborada intensa.
A ambos lados del sendero, el campo verde, con piedras diseminadas, desde donde, como duendecillos, asomaban plantas y flores silvestres. Unas voces decían que ese “punto” fue el comienzo de mi nueva vida y la luz, la felicidad que me alumbró para siempre. También repitieron “ese fue el sendero que recorrió la niña que se perdió en el bosque”.
Estuve expectante, ya no se escuchaba más que el latido de mi corazón que, a cada instante, se hacía más tenue, ¿dejaría de oírlo? De golpe todo cambió, una luz intensa invadió el lugar, me cegó, tampoco pude ver qué me rodeaba, aturdida por un ruido ensordecedor, asfixiada por un olor fuerte…
Una fuerza extraña me hizo incorporar y enfrentar al espejo, la imagen reflejada me mostró la realidad
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El viento de la madrugada abrió la ventana, pude apagar la estufa que quedó sepultada al caerse la estantería con los libros.